Muchísimas son las cosas/que nuestra madre Natura/hace con mucha ternura./
Más aún, las hace hermosas./Por lo mismo, es tan celosa/ de nuestra eterna inconsciencia,/
que hasta pierde la paciencia/con tanta locura humana,/
y en su lenguaje proclama/su furia, con inclemencias.

(del Maestro Merardo)

viernes, 2 de septiembre de 2016

QUE NAVEGUE EL PENSAMIENTO ...






En muchos lugares del mundo, tragedias naturales: el hambre, las guerras, terremotos, volcanes, ciclones, etc., han obligado a los seres humanos a abandonar sus territorios. 

Sin embargo las peores tragedias, quizás las hayan sufrido los grupos humanos que sintieron extinguirse sus dioses, y como consecuencia se abandonaron a sí mismos. La historia registra numerosos casos.

Quién sabe si eso fue lo que le sucedió a la civilización maya, por ejemplo. 

Cuando los dioses protectores no sólo encarnan la divinidad, sino también los valores culturales, ese modo peculiar de concebir la vida dentro de una estructura social, y dichos valores comienzan a deteriorarse hasta el punto de perder su sentido primigenio, su sentido gregario, al parecer en esa situación no le queda otro recurso al ser humano que refugiarse en sí mismo, encapsularse. Sobrevivir es entonces la orden atávica: se burlan las reglas, se burlan las leyes, el camino más corto es el que impera.

¿Habrá algunos lugares en el mundo actual en donde se esté viviendo ese proceso?

Desde la Costa Cantábrica, Septiembre, 2016.