Muchísimas son las cosas/que nuestra madre Natura/hace con mucha ternura./
Más aún, las hace hermosas./Por lo mismo, es tan celosa/ de nuestra eterna inconsciencia,/
que hasta pierde la paciencia/con tanta locura humana,/
y en su lenguaje proclama/su furia, con inclemencias.

(del Maestro Merardo)

sábado, 18 de abril de 2015

“SI EL HONOR FUESE RENTABLE, TODOS SERÍAN HONORABLES”.

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He decidido evitar hablar desde un púlpito. Y no porque tenga “tejado de vidrio”, sino porque entre los conflictos internacionales, la destrucción del medioambiente, la “cybercriminalidad”, los drones - militares y comerciales -, y la corrupción nacional e internacional me tienen anonadado. Anonadado, palabra que me resulta un tanto siútica, y que sin embargo refleja gráficamente mi gesto ante la actualidad: estoy con la boca abierta, con cara de idiota.

Al azar he picoteado indistintamente en diferentes épocas por aquí y por allá y he constatado que la “cosa” se arrastra…, se arrastra…, desde siempre. Y si nos descuidamos…, o nos tentamos…, nos arrastra… Y ojo con tirar la primera piedra:

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“Los sobornos, el tráfico de influencias... no nacieron ayer. Recientemente se ha descubierto el primer caso conocido de corrupción. Se remonta al antiguo Egipto y se lo conoce como el Tebasgate. El investigador egipcio Ahmad Saleh descifró la inscripción de un papiro en el que se cuenta la historia de un funcionario de Tebas llamado Peser que, en tiempos del faraón Ramsés IX, dirigía una trama en connivencia con una banda de saqueadores de tumbas. Según explica Saleh, el caso se cerró con un proceso en el que ni Peser ni otros cargos públicos implicados fueron condenados”.

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“Carlos V obtuvo el título de Emperador del Sacro Imperio Germánico comprando la voluntad de los príncipes”.

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“Entre los historiadores hay unanimidad al considerar al duque de Lerma (España) uno de los mayores corruptos de nuestra historia. Este noble se enriqueció al convencer en 1601 al rey Felipe III para que trasladase la corte de Madrid a Valladolid. Fue una perfecta operación de especulación inmobiliaria ya que meses antes, el duque había adquirido terrenos que luego vendió a precio de oro a la corona. Y cuando las corruptelas de este personaje fueron demasiado evidentes, se libró del cadalso gracias a sus influencias en el Vaticano, logrando que el Papa le nombrase cardenal. Las leyes españolas impedían condenar a quien ostentase dicho cargo, lo que hizo que el pueblo acuñase una canción que decía: “ Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado”.

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“ADAM SMITH, el máximo teórico del liberalismo, tuvo que admitir que “el vulgarmente llamado estadista o político es un sujeto cuyas decisiones están condicionadas por intereses personales”.

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“El régimen de Bonaparte siguió la estela de corrupción de la monarquía anterior. Napoleón solía decir a sus ministros que les estaba concedido robar un poco, siempre que administrasen con eficiencia. Pero, sin lugar a dudas, el más corrupto de todos fue Talleyrand. El emperador francés decía de él que era “el hombre que más ha robado en el mundo. Es un hombre de talento, pero el único modo de obtener algo de él es pagándolo”. Su lista de abusos llenaría páginas y páginas”.

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“Alexis de Tocqueville sostenía que “en los gobiernos aristocráticos, los hombres que acceden a los asuntos públicos son ricos y sólo anhelan el poder; mientras que en las democracias los hombres de Estado son pobres y tienen que hacer su fortuna”. A costa del Estado, claro”.

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“Winston Churchill dijo que “un mínimo de corrupción sirve como un lubricante benéfico para el funcionamiento de la máquina de la democracia”. Y, al referirse a las colonias, Churchill cínicamente resumió esta política expansionista de forma rotunda: “Corrupción en la patria y agresión fuera, para disimularla”. Cecil Rhodes, el saqueador de África para los británicos, tenía una máxima siniestra y muy reveladora sobre la política colonial: “Cada uno tiene su precio”.



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“Pero es imposible no acordarse de una frase inquietante del antiguo presidente francés François Mitterrand: “Es cierto, Richelieu, Mazarino y Talleyrand se apoderaron del botín. Pero, hoy en día, ¿quién se acuerda de ello?”

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“Como dijo Tomás Moro: “Si el honor fuese rentable, todos serían honorables”.

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“Según Carlo Brioschi (Historia de la Corrupción), la corrupción “es un fenómeno inextirpable porque respeta de forma rigurosa la ley de la reciprocidad. Según la lógica del intercambio, a cada favor corresponde un regalo interesado. Nadie puede impedir al partido en el poder que se cree una clientela de grandes electores que le ayuden en la gestión de los aparatos estatales y que disfruten de estos privilegios. Es algo natural y fisiológico”.

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“En el siglo XVII, Bernard de Mandeville, en su Fábula de las abejas, sostenía que “un gobierno corrupto produce riqueza y ocasiones ventajosas para todos. El egoísmo y las pasiones que se derivan de él constituyen el impulso del bienestar, mientras que las virtudes del hombre honesto inhiben por lo general el progreso civil”.

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“Vittorio Gassman interpreta a un empresario en En nombre del pueblo italiano (1971), que argumenta: “La corrupción es el único modo de aligerar las diligencias y, por lo tanto, de incentivar las iniciativas. Podemos decir, paradójicamente, que es ella misma progreso”.

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Como puede suponerse, este es un picadillo, unos cuantos botones de muestra, así, al azar. Sin olvidar que en esta “cosa” existe el “macro” y el “micro”. ¿Cómo estamos?



Para finalizar. Como no estoy en el púlpito, solamente digo: que cada uno vea cuánto coraje le queda para luchar en contra de esta pandemia y, quizás, y sobre todo, cuánto coraje le queda para evitar ser arrastrado…, por la “cosa”…