Muchísimas son las cosas/que nuestra madre Natura/hace con mucha ternura./
Más aún, las hace hermosas./Por lo mismo, es tan celosa/ de nuestra eterna inconsciencia,/
que hasta pierde la paciencia/con tanta locura humana,/
y en su lenguaje proclama/su furia, con inclemencias.

(del Maestro Merardo)

miércoles, 12 de febrero de 2014

"DÓNDE LA VISTE..."





Como Fortín Mapocho es leído internacionalmente me permito dirigirme hoy a los lectores extranjeros.



Comienzo con una breve explicación sobre el título de esta crónica. “Dónde la viste…”, es una expresión perteneciente al léxico popular chileno digna de preservarse. Y que como varias otras locuciones locales, también ésta contiene un rico “sub-texto”.


Según el Tratado de las Buenas Costumbres, en su primera acepción, si un chileno le dice a otro compatriota “¡Dónde la viste…!”, estaría queriéndole decir: “Es tan evidente tu falacia artificiosamente disfrazada que tu historia me recuerda más bien la trama de una película que viste”.


El mismo Tratado admite una segunda acepción: “Percibo perfectamente que construyes una realidad falsa con la intención de inducirme a engaño”.Y en su tercera acepción, el sub-texto de ¡Dónde la viste…!, es: “¿Creíh que soy güevón [a] que te voy a creer lah güeváh qu´ehtái hablando, ehcribiendo o mohtrándome?”¿Me capta? De manera que luego de este mínimo técnico lingüístico para extranjeros, ya está usted en condiciones de utilizar con propiedad el dichoso criollismo aplicado a su realidad nacional y aún familiar si viene al caso. Claro que si traduce la expresión literalmente, al inglés por ejemplo, no tendrá mucha gracia: “Where did that came from…?” Tampoco en francés: “Où est-ce que tu l´a vu…?” En ambos casos le faltaría el contexto cultural que le otorga el sentido a la locución. Aunque quizás si traduce el sub-texto de la tercera acepción al inglés se acercaría un poco a su realidad anglófona: “You´re a fucking idiot?”


Seguramente usted hará una traducción más acertada. En todo caso, la gracia y riqueza idiomática del “Dónde la viste…” es que provoca una suerte de elipsis, el texto que se quiso decir no se completa, permanece subsumido.Si usted es extranjero y quisiera expresar el tercer sub-texto, le recomiendo que aprenda a decir “Dónde la viste”. Le facilitaría enormemente la dificultad fonética. Es más fácil decir “Dónde la viste” que “¿Creíh que soy güevón [a] que te voy a creer lah güeváh qu´ehtái hablando, ehcribiendo o mohtrándome?”¿Me entiende?


Aprendiendo a decir solamente “Dónde la viste…”, el resto queda como un secreto suyo, como un código que solamente usted maneja, como el Código Da Vinci.Conozco una señora sueca casada con chileno – ella está en un curso avanzado de “lo chilensis” - quien cada vez que el marido llega a las 4 de la madrugada quejándose del exceso de trabajo, ella le aplica el “Dónde la viste…” ¿Cuál cree usted que será el sub-texto de la señora sueca?Ante los hombres y mujeres con vocación de servicio público – léase políticos -, la mencionada expresión folklórica es sumamente beneficiosa, pensarla o decirla. Si la piensa, puede aplicarle libremente cualquiera de las tres acepciones. Si la dice, según el grado de confianza o de patudez suya, puede modificarla levemente: “¡Dónde la vio, jefe…!”, con variaciones de “jefecito”, “patrón”, “diputado”, etc.
Y usted solamente sabría el sub-texto que rondaría por su cabeza.Ahora bien, si usted alcanzara un nivel avanzado de la onda chilensis, tal como la señora sueca, entonces podría agregar después de “Dónde la viste…”: “¡Cuéntame una de cowboy ahora, pus!” Y si desea superar a la señora sueca, en el caso de un marido similar, le puede decir: “¿Dónde la vio, mi amor…?”, con variaciones de “cuchito”, “gordito”, etc. ¿Estamos?Claro, tengo que advertirle que entre chilenos, al calor de un asado y unos cuantos tintolios y su piscola de bajativo, estos compatriotas suelen irse al chancho [vous excuserez, monsieur l´étranger, les expressions vernaculaires], y derechamente en esas ocasiones dicen: “¡Ahónde la vihte, güevón…!” [ dicho por hombre o mujer ].


También emplean “¡Ahónde la vihte, caurita…!”, aunque sea la señora, porque en este caso lo importante es que la “cabrita” lleva un tinte peyorativo que intenta disminuir la autoridad de la dama y su argumentación. Es muy jodido esto de la lingüística y la semántica criollas. Todos los pueblos tienen su hablar vernáculo, y más de alguna vez nos habrán mentado la madre en chino, polaco, y aun en lengua hispana. Toda lengua como usted sabe crea su lenguaje, que se expresa no solamente en la palabra sino en la ocasión que aquélla se dice, en el acento o la intención con que se dice ésto o lo otro.


Si usted es hábil para interpretar el contexto y el sub-texto de lo que se dice o hace, tiene grandes posibilidades que no lo [a] pasen por la cola del pavo, incluso en su propia casa.Por ejemplo muchos de ustedes habrán visto a Juan Carlos - Rey de España -, decirle al Presidente de Venezuela Hugo Chávez, durante la XVII Cumbre Iberoamericana realizada en Santiago de Chile recientemente: “¡Por qué no te callas!”, mientras Chávez hablaba con Zapatero, el Presidente de España.¡Tiene narices! “¡Por qué no te callas!” Dicho en el mismo tono que le hablaron los Conquistadores y Colonizadores peninsulares a los pueblos originarios y criollos pobres. Evidentemente se equivocó de tiempo, lugar y personaje este Juan Carlos Borbón. ¿Se da cuenta de lo importante que es el sub-texto? Y mayor relieve cobra el sub-texto de la situación mencionada porque se le manda callar a la verdad, a la verdad que está diciendo Chávez: denunciando a un golpista –con disfraz de democrático -, cómplice además de varias oscuras causas internacionales.


¿Y qué me dice de ese otro personaje que suele hacer declaraciones desde la Casa Blanca en Washington? Pretende ser el adalid de la libertad y la justicia. A Bush, todos los sondeos, nacionales e internacionales le aplican el “Dónde la viste…”, refiriéndose obviamente al tercer sub-texto.




Solamente que los sondeos estadísticos utilizan el eufemismo de los porcentajes porque desconocen nuestra criolla expresión.Cuando Harper, el Primer Ministro de Canadá nos dice que las FFAA canadienses están en Afganistán ayudando a reconstruir la democracia - debido a la influencia de la inmigración chilena -, se escucha de Este a Oeste, desde Québec hasta Vancouver un sonoro “¡Dónde la viste…!”, utilizando las tres acepciones, acentuando una u otra de acuerdo al emputecimiento que nos cause la hipocresía.Cuando los militares en Chile, con la anuencia del gobierno de turno, declararon que “nunca más”, el 70% de los chilenos pensaron “¡Dónde la viste…!”, además de parar el dedo anular.Porque lo interesante de este giro idiomático, señor [a] extranjero [a], es que en cierta medida la locución tiene una cualidad terapéutica: se puede pensar, pero no decirla.


De esta manera es una descarga interior que evita la agudización del stress. Altamente recomendable por ejemplo mientras se ven los noticieros de TV en el momento en que dan a conocer las estadísticas del Gobierno según las cuales usted vive en el Paraíso. Debo confesarle sin embargo, señor [a] lector [a] extranjero [a], que a la larga no resulta saludable pensar a cada instante “Dónde la viste…”, expresión tan llena de escepticismo. El desencanto, como usted sabe, si no se organiza y encauza, sólo provoca deterioro moral – la delincuencia ya no es asunto exclusivo de los delincuentes -, y en el mejor de los casos, el desencanto provoca llamaradas de paja arbitrarias que se consumen en el acto mismo.


Lamentablemente en todos los puntos de este globo azul vivimos el enervamiento diario a propósito de la manipulación mental que intentan quienes tienen la sartén por el mango. Todos los días pretenden “contarnos la película”, como el marido a su señora sueca. Los gobiernos, los poderes del Estado, los desacreditados servidores públicos; la corrupción disfrazada de funcionarios, asesores, operadores, etc.; diversos organismos nacionales e internacionales llenos de retórica inútil; instituciones deslegitimadas que hasta ayer eran reserva moral, junto a otras que eran refugio de esperanza, etc., etc., todos y todas, son tan incapaces hoy en día de conjuntar sus palabras con sus hechos, que nos obligan a resistir refugiándonos por el momento en el “¡DÓNDE LA VISTE…!”


¿Se darán cuenta las autoridades pertinentes que dicho refugio sin embargo es una bomba de tiempo en diversos países del mundo, incluido Chile?






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